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	<title>Aruz Ediciones &#187; Minería</title>
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	<description>La memoria de nuestras gentes. La historia de nuestra tierra</description>
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		<title>Las minas romanas de oro en el Alto Carrión</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2015 14:10:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aruz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Minería]]></category>

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		<description><![CDATA[Las evidencias que han llegado hasta nuestros días revelan que el sistema creado por los romanos para extraer el oro abarcaba al menos desde Camporredondo hasta Mantinos ROBERTO MATÍAS RODRÍGUEZ En el entorno del Alto Carrión, situado al norte de la provincia de Palencia, se encuentran los vestigios de las explotaciones de oro romanas más orientales conocidas hasta la fecha en el territorio del Noroeste Hispano, ciertamente alejados de las grandes zonas mineras situadas más al oeste, como pueden ser las Omañas-Villablino y la Maragatería-Teleno, en la provincia de León, con las que no existe solución de continuidad. Se trata, pues, de una zona de extracción en cierto modo aislada, pero no por ello carente de importancia, dada la magnitud de las explotaciones estudiadas, algunas de las cuales se han podido evaluar por primera vez. Hasta nosotros han llegado los restos de grandes infraestructuras hidráulicas de abastecimiento, acordes con el volumen de los trabajos mineros, las cuales han servido para la localización de las zonas de explotación del oro, apaciblemente olvidadas entre bosques de robles. Una vez más, el Imperio Romano nos enseña todavía en el siglo XXI su enorme capacidad para la localización de los recursos minerales. La investigación realizada ha permitido definir con total seguridad la función y finalidad de la conducción hidráulica conocida como Camino Griego. Se trata de un canal de abastecimiento de más de 30 kilómetros de trazado con destino a una importante explotación aurífera romana emplazada por encima del terreno aluvial actual en la margen derecha del río Carrión, que se extiende entre las localidades de Guardo y Villalba. Análogamente, el Camino de los Moros queda también definido de igual forma tras la localización de una zona de trabajos mineros en las inmediaciones de la localidad de Mantinos, por lo que tendría una longitud de trazado de 21,5 kilómetros. No obstante, las dimensiones de los vestigios localizados no justifican la realización de una obra de estas características, por lo que es necesario seguir profundizando en el tema. El nuevo análisis de conjunto que engloba los vestigios del valle de Aviados y los indicios de Camporredondo de Alba, así como del resto de zonas mineras descubiertas, nos ha permitido cuantificar provisionalmente las estructuras de explotación realizadas en época romana. El volumen de trabajos mineros, que superan por ahora los 12.000.000 de metros cúbicos de materiales removidos con casi 60 kilómetros de canales construidos, resultan merecedores de nuevos estudios en profundidad para resolver las diversas cuestiones ya planteadas y otras que, sin duda, aparecerán en el transcurso de las investigaciones. Al margen de los avances conseguidos, es necesario llamar la atención sobre la singularidad de los restos de túneles y tramos excavados en la roca situados en las inmediaciones de la localidad de Velilla del río Carrión. Se trata, con toda probabilidad, de unas de las evidencias de conducciones hidráulicas mineras romanas mejor conservadas y más próximas a un núcleo urbano que se conocen en el noroeste hispano. Su importancia y accesibilidad no es merecedora del estado de total abandono en el que se encuentran, resultando muy fácil y poco costosa la puesta en valor de estos vestigios, que además implementarían el valor turístico del interesante y singular complejo de las Fuentes Tamáricas. Para más información: Colección de Historia Montaña Palentina, número 6]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las evidencias que han llegado hasta nuestros días revelan que el sistema creado por los romanos para extraer el oro abarcaba al menos desde Camporredondo hasta Mantinos</strong></p>
<p><em>ROBERTO MATÍAS RODRÍGUEZ</em></p>
<p>En el entorno del Alto Carrión, situado al norte de la provincia de Palencia, se encuentran los vestigios de las explotaciones de oro romanas más orientales conocidas hasta la fecha en el territorio del Noroeste Hispano, ciertamente alejados de las grandes zonas mineras situadas más al oeste, como pueden ser las Omañas-Villablino y la Maragatería-Teleno, en la provincia de León, con las que no existe solución de continuidad. Se trata, pues, de una zona de extracción en cierto modo aislada, pero no por ello carente de importancia, dada la magnitud de las explotaciones estudiadas, algunas de las cuales se han podido evaluar por primera vez. Hasta nosotros han llegado los restos de grandes infraestructuras hidráulicas de abastecimiento, acordes con el volumen de los trabajos mineros, las cuales han servido para la localización de las zonas de explotación del oro, apaciblemente olvidadas entre bosques de robles. Una vez más, el Imperio Romano nos enseña todavía en el siglo XXI su enorme capacidad para la localización de los recursos minerales.</p>
<p>La investigación realizada ha permitido definir con total seguridad la función y finalidad de la conducción hidráulica conocida como <em>Camino Griego</em>. Se trata de un canal de abastecimiento de más de 30 kilómetros de trazado con destino a una importante explotación aurífera romana emplazada por encima del terreno aluvial actual en la margen derecha del río Carrión, que se extiende entre las localidades de Guardo y Villalba.</p>
<p>Análogamente, el <em>Camino de los Moros</em> queda también definido de igual forma tras la localización de una zona de trabajos mineros en las inmediaciones de la localidad de Mantinos, por lo que tendría una longitud de trazado de 21,5 kilómetros. No obstante, las dimensiones de los vestigios localizados no justifican la realización de una obra de estas características, por lo que es necesario seguir profundizando en el tema.</p>
<p>El nuevo análisis de conjunto que engloba los vestigios del valle de Aviados y los indicios de Camporredondo de Alba, así como del resto de zonas mineras descubiertas, nos ha permitido cuantificar provisionalmente las estructuras de explotación realizadas en época romana. El volumen de trabajos mineros, que superan por ahora los 12.000.000 de metros cúbicos de materiales removidos con casi 60 kilómetros de canales construidos, resultan merecedores de nuevos estudios en profundidad para resolver las diversas cuestiones ya planteadas y otras que, sin duda, aparecerán en el transcurso de las investigaciones.</p>
<p>Al margen de los avances conseguidos, es necesario llamar la atención sobre la singularidad de los restos de túneles y tramos excavados en la roca situados en las inmediaciones de la localidad de Velilla del río Carrión. Se trata, con toda probabilidad, de unas de las evidencias de conducciones hidráulicas mineras romanas mejor conservadas y más próximas a un núcleo urbano que se conocen en el noroeste hispano. Su importancia y accesibilidad no es merecedora del estado de total abandono en el que se encuentran, resultando muy fácil y poco costosa la puesta en valor de estos vestigios, que además implementarían el valor turístico del interesante y singular complejo de las <em>Fuentes Tamáricas</em>.</p>
<p><a href="http://aruz.es/portfolio/coleccion-historia-de-la-montana-palentina-numero-6/"><em><span style="text-decoration: underline;">Para más información: Colección de Historia Montaña Palentina, número 6</span></em></a></p>
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		<title>La apertura del Pozo Calero</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jan 2015 11:40:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aruz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Barruelo]]></category>
		<category><![CDATA[Minería]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre 1911 y 1919 tuvo lugar la creación del Pozo Calero, la explotación minera más importante de Barruelo de Santullán y de toda la cuenca minera palentina FERNANDO CUEVAS RUIZ El pozo Calero era en la segunda década del pasado siglo la gran esperanza para relanzar la producción carbonera de Barruelo. Por este motivo, los trabajos para su puesta en marcha se sucedieron con toda la velocidad posible. En 1912, un año después de iniciarse la perforación, ya se había alcanzado una profundidad de 90 metros. De las labores llevadas a cabo ese año existe más información gracias a tres artículos sucesivos publicados en el periódico local El Eco de Barruelo. En ellos se especifica que el pozo del grupo inferior “tendrá 340 metros de profundidad; por él se extraerán los carbones procedentes de un piso de cien metros de altura al S.E. y de dos pisos iguales al N.O. Su sección será circular de 4,50 metros de diámetro. Para la ventilación habrá otro pozo circular de tres metros de diámetro y 130 metros de profundidad. Contará por primera vez con cuatro capas: las nuevas 5, 6, 7 y 8, por no existir otras en la región donde se emplazaría, osea en el lugar llamado El Calero”. Al hablar de la producción prevista para la nueva explotación, el texto periodístico habla de 600 toneladas diarias, aunque señala que esta cifra podría incluso elevarse hasta las mil toneladas. Durante 1913 los trabajos prosiguieron con una profundización hasta los 308 metros y con la ejecución de 170 metros de transversales para cortar las capas 5 y 6. Por fin, un año más tarde, en 1914, las tareas de perforación del Calero estaban concluidas. La Estadística Minera de aquel año da cuenta de la culminación de los trabajos con las siguientes palabras: “El pozo (&#8230;) ha sido perforado y revestido hasta su cota definitiva de 342,25 metros, teniendo de diámetro interior 4,50 metros útiles. Para asegurar la ventilación de la futura explotación, se ha dado a principio de abril de 1914 otro pozo (&#8230;), teniendo de diámetro 3,20 metros, terminándole en el mes de diciembre del año actual”. Finalizadas todas las tareas previas que se habían prolongado durante cuatro años, el pozo Calero estaba listo para su explotación. Parecía que su activación permitiría superar la inestable producción de los ejercicios precedentes y relanzar la actividad minera de Barruelo. Sin embargo, un acontecimiento imprevisto truncaría las expectativas. El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, hizo que las potencias europeas se vieran envueltas en el conflicto, hecho que indirectamente tendría negativas consecuencias para la cuenca barruelana. Al comenzar la guerra, el Calero todavía estaba pendiente de recibir de otros países europeos toda la maquinaria que haría posible su puesta en funcionamiento. El episodio bélico alteró las relaciones comerciales en el continente y provocó que las piezas industriales esperadas en Barruelo no pudieran llegar a destino. Hubo que esperar hasta el final de la guerra para que la maquinaria llegara al pozo y se pudiera extraer el carbón previsto. Los informes anuales sobre la explotación barruelana detallan el retraso que sufrieron los trabajos del pozo Calero y señalan que “no se pudo obtener aún la maquinaria para poner en explotación el nuevo pozo del grupo inferior, cuya utilización se hace cada día más urgente. Afortunadamente se pudo sacar de este grupo, en el nivel 150, alguna cantidad de carbón (&#8230;). Es de esperar que el año 1916 habrá más facilidad para adquirir la maquinaria necesaria en las nuevas instalaciones, que constarán de un anexo importante a la central de fuerza”. Pese a los deseos expresados en el escrito, en 1916 la situación no cambió. La guerra proseguía y la maquinaria que debía llegar procedente de los países en conflicto seguía retrasándose. Para poder extraer algo de carbón se adaptó el pequeño torno que se había utilizado para la profundización del pozo de ventilación y así pudieron ver la luz las primeras toneladas de carbón del Calero. Con este sistema alternativo, en 1917 se obtuvieron entre 60 y 65 toneladas diarias, frente a las 600 que la empresa tenía previsto lograr en circunstancias normales. Dicho de otra manera, la actividad en el grupo inferior se encontraba al diez por ciento de sus posibilidades debido al retraso en la llegada de la maquinaria. Pese a todas estas limitaciones, las minas de Barruelo forzaron todo lo posible su capacidad y en 1918 se logró una producción de 153.174 toneladas de hulla, cifra sensiblemente mejor que las 123.647 toneladas de 1915. Para lograrlo, además de realizar las rudimentarias labores llevadas a cabo en el Calero, la empresa minera bonificó el mayor rendimiento en el trabajo y fomentó las pagas extraordinarias. Al fin, en 1919, una vez finalizada la guerra europea, llegó a Barruelo toda la maquinaria del pozo Calero y fue además puesta en marcha la nueva central eléctrica. La precaria situación que había atravesado la explotación había terminado y, a partir de 1920, se iniciaría un proceso de importante crecimiento que llevaría a las minas de Barruelo a su mejor época. Para más información: ‘El Pozo Calero: historia de la minería en el Valle de Santullán’, de Fernando Cuevas Ruiz, Wifredo Román Ibáñez y Luis Llorente Herrero, Aruz Ediciones, 2011 (4ª edición).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entre 1911 y 1919 tuvo lugar la creación del Pozo Calero, la explotación minera más importante de Barruelo de Santullán y de toda la cuenca minera palentina </strong></p>
<p><em>FERNANDO CUEVAS RUIZ</em></p>
<p>El pozo Calero era en la segunda década del pasado siglo la gran esperanza para relanzar la producción carbonera de Barruelo. Por este motivo, los trabajos para su puesta en marcha se sucedieron con toda la velocidad posible. En 1912, un año después de iniciarse la perforación, ya se había alcanzado una profundidad de 90 metros. De las labores llevadas a cabo ese año existe más información gracias a tres artículos sucesivos publicados en el periódico local <em>El Eco de Barruelo</em>. En ellos se especifica que el pozo del grupo inferior <em>“tendrá 340 metros de profundidad; por él se extraerán los carbones procedentes de un piso de cien metros de altura al S.E. y de dos pisos iguales al N.O. Su sección será circular de 4,50 metros de diámetro. Para la ventilación habrá otro pozo circular de tres metros de diámetro y 130 metros de profundidad. Contará por primera vez con cuatro capas: las nuevas 5, 6, 7 y 8, por no existir otras en la región donde se emplazaría, osea en el lugar llamado El Calero”</em>. Al hablar de la producción prevista para la nueva explotación, el texto periodístico habla de 600 toneladas diarias, aunque señala que esta cifra podría incluso elevarse hasta las mil toneladas.</p>
<p>Durante 1913 los trabajos prosiguieron con una profundización hasta los 308 metros y con la ejecución de 170 metros de transversales para cortar las capas 5 y 6. Por fin, un año más tarde, en 1914, las tareas de perforación del Calero estaban concluidas. La Estadística Minera de aquel año da cuenta de la culminación de los trabajos con las siguientes palabras: <em>“El pozo (&#8230;) ha sido perforado y revestido hasta su cota definitiva de 342,25 metros, teniendo de diámetro interior 4,50 metros útiles. Para asegurar la ventilación de la futura explotación, se ha dado a principio de abril de 1914 otro pozo (&#8230;), teniendo de diámetro 3,20 metros, terminándole en el mes de diciembre del año actual”</em>.</p>
<p>Finalizadas todas las tareas previas que se habían prolongado durante cuatro años, el pozo Calero estaba listo para su explotación. Parecía que su activación permitiría superar la inestable producción de los ejercicios precedentes y relanzar la actividad minera de Barruelo. Sin embargo, un acontecimiento imprevisto truncaría las expectativas. El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, hizo que las potencias europeas se vieran envueltas en el conflicto, hecho que indirectamente tendría negativas consecuencias para la cuenca barruelana. Al comenzar la guerra, el Calero todavía estaba pendiente de recibir de otros países europeos toda la maquinaria que haría posible su puesta en funcionamiento. El episodio bélico alteró las relaciones comerciales en el continente y provocó que las piezas industriales esperadas en Barruelo no pudieran llegar a destino. Hubo que esperar hasta el final de la guerra para que la maquinaria llegara al pozo y se pudiera extraer el carbón previsto.</p>
<p>Los informes anuales sobre la explotación barruelana detallan el retraso que sufrieron los trabajos del pozo Calero y señalan que <em>“no se pudo obtener aún la maquinaria para poner en explotación el nuevo pozo del grupo inferior, cuya utilización se hace cada día más urgente. Afortunadamente se pudo sacar de este grupo, en el nivel 150, alguna cantidad de carbón (&#8230;). Es de esperar que el año 1916 habrá más facilidad para adquirir la maquinaria necesaria en las nuevas instalaciones, que constarán de un anexo importante a la central de fuerza”</em>. Pese a los deseos expresados en el escrito, en 1916 la situación no cambió. La guerra proseguía y la maquinaria que debía llegar procedente de los países en conflicto seguía retrasándose. Para poder extraer algo de carbón se adaptó el pequeño torno que se había utilizado para la profundización del pozo de ventilación y así pudieron ver la luz las primeras toneladas de carbón del Calero. Con este sistema alternativo, en 1917 se obtuvieron entre 60 y 65 toneladas diarias, frente a las 600 que la empresa tenía previsto lograr en circunstancias normales. Dicho de otra manera, la actividad en el grupo inferior se encontraba al diez por ciento de sus posibilidades debido al retraso en la llegada de la maquinaria.</p>
<p>Pese a todas estas limitaciones, las minas de Barruelo forzaron todo lo posible su capacidad y en 1918 se logró una producción de 153.174 toneladas de hulla, cifra sensiblemente mejor que las 123.647 toneladas de 1915. Para lograrlo, además de realizar las rudimentarias labores llevadas a cabo en el Calero, la empresa minera bonificó el mayor rendimiento en el trabajo y fomentó las pagas extraordinarias.</p>
<p>Al fin, en 1919, una vez finalizada la guerra europea, llegó a Barruelo toda la maquinaria del pozo Calero y fue además puesta en marcha la nueva central eléctrica. La precaria situación que había atravesado la explotación había terminado y, a partir de 1920, se iniciaría un proceso de importante crecimiento que llevaría a las minas de Barruelo a su mejor época.</p>
<p><a href="http://aruz.es/portfolio/el-pozo-calero-historia-de-la-mineria-en-el-valle-de-santullan/"><em><span style="text-decoration: underline;">Para más información: ‘El Pozo Calero: historia de la minería en el Valle de Santullán’, de Fernando Cuevas Ruiz, Wifredo Román Ibáñez y Luis Llorente Herrero, Aruz Ediciones, 2011 (4ª edición).</span></em> </a></p>
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