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	<title>Aruz Ediciones &#187; Cántabros</title>
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	<description>La memoria de nuestras gentes. La historia de nuestra tierra</description>
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		<title>El oppidum de Monte Bernorio</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Mar 2017 09:14:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aruz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Cántabros]]></category>
		<category><![CDATA[Las Loras]]></category>

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		<description><![CDATA[El oppidum de Monte Bernorio es uno de los yacimientos de la Edad del Hierro más importantes del norte de la Península Ibérica. Este núcleo estuvo habitado unos nueve siglos, desde el final de la Edad del Bronce hasta el final de la Edad del Hierro. Fue atacado, conquistado y destruido por el emperador Augusto en las campañas de los romanos contra cántabros y astures. JESÚS F. TORRES, ANTXOKA MARTÍNEZ Y MARIANO LUIS SERNA El oppidum de Monte Bernorio está situado en las inmediaciones del pueblo de Villarén, en el sector oriental de la Montaña Palentina. Oppidum es una palabra latina que significa “fortificación, plaza fuerte o ciudad fortificada”. Este núcleo ocupaba la parte superior de la montaña del mismo nombre, una plataforma plana de caliza de grandes dimensiones con forma arriñonada. Desde lo alto de este emplazamiento se controla una importante intersección de vías de comunicación naturales que unen ambas vertientes de la Cordillera Cantábrica por su lado central. En sus inmediaciones discurre otra importante vía de comunicación natural que permite recorrer el piedemonte cantábrico en el eje este-oeste por su fachada meridional. También se sitúa en una posición estratégica ventajosa para acceder a las cabeceras de las cuencas de los ríos Ebro y Pisuerga. Esta privilegiada situación geográficas ha convertido la montaña del Bernorio en núcleo de referencia para los grupos humanos a lo largo de la Historia. Hay materiales que indican la existencia de ocupaciones de época neolítica (6000-3000 a.C.) en las proximidades del Bernorio, pero no se han localizado todavía poblados de este momento. Las primeras ocupaciones constatadas son de época calcolítica (3000-2000 a.C.) y se sitúan en distintos sectores de sus laderas. Sabemos que en las inmediaciones de la cima había en este momento al menos un poblado y su necrópolis, así como otros posibles asentamientos menores. El primer establecimiento permanente en la cima del monte (a partir de los materiales arqueológicos) comenzaría al final de la Edad del Bronce (900-800 a.C. aprox.). Se han localizado materiales de esta época en dos de las tres zonas excavadas. Esto podría indicar que en este momento ya existía una ocupación muy extensa, o tal vez se trataba de una ocupación discontinua, como una serie de aldeas dispersas, en distintas áreas de la cima del Bernorio. Sea como fuere, a partir del siglo VIII a.C., aproximadamente, este núcleo creció hasta adquirir enormes proporciones y se transformó en un referente geográfico y territorial. Al final de la Edad del Hierro (siglos III-I a.C.) el oppidum de Monte Bernorio era una verdadera ciudad fortificada, protegida con un potente sistema defensivo. Su ubicación, en una encrucijada de estratégicas vías de comunicación, determina su crecimiento y su importancia política dentro del entorno de las culturas agro-ganaderas y guerreras que conocemos en el ámbito céltico de Europa occidental. La conquista de esta zona de la Península Ibérica por Roma determinó el final de este oppidum. Las evidencias arqueológicas indican que fue atacado y destruido por fuerzas romanas en la ofensiva que dirigió Augusto contra la zona meridional del territorio de los cántabros. Pero después de su destrucción su valor estratégico hizo que fuera ocupado de nuevo, esta vez por un fuerte romano del tipo denominado genéricamente castellum. Este establecimiento militar, de tamaño más pequeño que el núcleo indígena, sirvió para controlar los pasos naturales y su montañoso territorio durante al menos varias décadas. Para más información: Colección de Historia Montaña Palentina, número 7]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El oppidum de Monte Bernorio es uno de los yacimientos de la Edad del Hierro más importantes del norte de la Península Ibérica. Este núcleo estuvo habitado unos nueve siglos, desde el final de la Edad del Bronce hasta el final de la Edad del Hierro. Fue atacado, conquistado y destruido por el emperador Augusto en las campañas de los romanos contra cántabros y astures.</strong></p>
<p><em>JESÚS F. TORRES, ANTXOKA MARTÍNEZ Y MARIANO LUIS SERNA</em></p>
<p>El oppidum de Monte Bernorio está situado en las inmediaciones del pueblo de Villarén, en el sector oriental de la Montaña Palentina. Oppidum es una palabra latina que significa “fortificación, plaza fuerte o ciudad fortificada”. Este núcleo ocupaba la parte superior de la montaña del mismo nombre, una plataforma plana de caliza de grandes dimensiones con forma arriñonada. Desde lo alto de este emplazamiento se controla una importante intersección de vías de comunicación naturales que unen ambas vertientes de la Cordillera Cantábrica por su lado central. En sus inmediaciones discurre otra importante vía de comunicación natural que permite recorrer el piedemonte cantábrico en el eje este-oeste por su fachada meridional. También se sitúa en una posición estratégica ventajosa para acceder a las cabeceras de las cuencas de los ríos Ebro y Pisuerga.</p>
<p>Esta privilegiada situación geográficas ha convertido la montaña del Bernorio en núcleo de referencia para los grupos humanos a lo largo de la Historia. Hay materiales que indican la existencia de ocupaciones de época neolítica (6000-3000 a.C.) en las proximidades del Bernorio, pero no se han localizado todavía poblados de este momento. Las primeras ocupaciones constatadas son de época calcolítica (3000-2000 a.C.) y se sitúan en distintos sectores de sus laderas. Sabemos que en las inmediaciones de la cima había en este momento al menos un poblado y su necrópolis, así como otros posibles asentamientos menores. El primer establecimiento permanente en la cima del monte (a partir de los materiales arqueológicos) comenzaría al final de la Edad del Bronce (900-800 a.C. aprox.). Se han localizado materiales de esta época en dos de las tres zonas excavadas. Esto podría indicar que en este momento ya existía una ocupación muy extensa, o tal vez se trataba de una ocupación discontinua, como una serie de aldeas dispersas, en distintas áreas de la cima del Bernorio. Sea como fuere, a partir del siglo VIII a.C., aproximadamente, este núcleo creció hasta adquirir enormes proporciones y se transformó en un referente geográfico y territorial.</p>
<p>Al final de la Edad del Hierro (siglos III-I a.C.) el oppidum de Monte Bernorio era una verdadera ciudad fortificada, protegida con un potente sistema defensivo. Su ubicación, en una encrucijada de estratégicas vías de comunicación, determina su crecimiento y su importancia política dentro del entorno de las culturas agro-ganaderas y guerreras que conocemos en el ámbito céltico de Europa occidental.</p>
<p>La conquista de esta zona de la Península Ibérica por Roma determinó el final de este oppidum. Las evidencias arqueológicas indican que fue atacado y destruido por fuerzas romanas en la ofensiva que dirigió Augusto contra la zona meridional del territorio de los cántabros. Pero después de su destrucción su valor estratégico hizo que fuera ocupado de nuevo, esta vez por un fuerte romano del tipo denominado genéricamente castellum. Este establecimiento militar, de tamaño más pequeño que el núcleo indígena, sirvió para controlar los pasos naturales y su montañoso territorio durante al menos varias décadas.</p>
<p><a href="http://aruz.es/portfolio/coleccion-historia-de-la-montana-palentina-numero-7/">Para más información: Colección de Historia Montaña Palentina, número 7</a></p>
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		<title>El asedio romano al castro cántabro  de La Loma en Santibáñez de la Peña</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Apr 2013 09:35:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Cántabros]]></category>
		<category><![CDATA[Romanización]]></category>
		<category><![CDATA[Santibañez de la Peña]]></category>

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		<description><![CDATA[En los yacimientos del asedio han aparecido más de cuatrocientas puntas de flecha, que forman la colección más completa de todo el Imperio Romano. El norte de la actual provincia de Palencia fue el escenario en el que se desarrollaron algunos de los principales episodios de las guerras cántabras. Este área estuvo ocupado en la Antigüedad por una parte de los cántabros, con los que limitaban por el sur los vacceos y los turmogos asentados en las llanuras cerealísticas. Durante los comienzos de su mandato  el emperador Octavio Augusto Roma declaró la guerra a los cántabros y los astures y entre los años 29 y 16 a.C. dirigió una serie de duras campañas para someterlos. Nada se conocía arqueológicamente sobre estas guerras hasta hace poco. Sin embargo, en los últimos años se han ido descubriendo en el norte de Palencia, en Cantabria y en el norte de Burgos una serie de yacimientos de excepcional importancia. En ellos se han podido documentar algunos de los principales teatros de operaciones de las guerras cántabras. Por lo que se refiere a la provincia palentina, en el área del Alto Pisuerga se ha constatado la existencia de diversos campamentos romanos de época augústea. Varios de ellos están relacionados con el control de dicho territorio y con el ataque al importante oppidum cántabro de Monte Bernorio (Villarén, Pomar de Valdivia). El principal de estos campamentos es el de Castillejo o La Lastra (Pomar de Valdivia), descubierto por Miguel Angel Fraile, y en el que se han desarrollado dos campañas arqueológicas que permitieron estudiar sus estructuras y que proporcionaron materiales militares romanos de inicios del principado de Augusto. Sin embargo, el descubrimiento más espectacular, debido igualmente a la labor de exploración de Miguel Angel Fraile, ha tenido lugar más recientemente en Santibáñez de la Peña. Al sur de esta localidad se alzan los altos de La Loma. En ellos son visibles todavía los restos de las fortificaciones de asedio del  ejército romano a un castro cántabro. Entre los años 2003 y 2007 se desarrollaron varias campañas arqueológicas en este conjunto de La Loma que han arrojado importante información sobre el castro cántabro y el asedio de las legiones romanas. El castro cántabro El centro del conjunto de yacimientos arqueológicos es el castro cántabro, alrededor del cual existe todo un dispositivo de asedio romano constituido por un campamento principal y varios fortines (castella) unidos por una circunvalación y una contravalación (fortificaciones que unían campamento a campamento y cercaban el castro indígena). El asentamiento cántabro, conocido en la zona como “El Castro”, está emplazado en una loma situada a 1.124 metros de altitud y parcialmente acantilada por el suroeste y por el sureste, controlando el estrechamiento de La Hoz, donde se unen los ríos Valdavia y Las Heras y el arroyo de San Román. Es un castro de buenas dimensiones que ocupa una superficie de 10’18 hectáreas. Este castro es el más importante aparecido hasta el momento en la comarca del Alto Carrión y estuvo ocupado durante la IIª Edad del Hierro por una comunidad indígena de cierta importancia. Probablemente perteneció al populus cántabro de los camáricos, cuya ciudad de Camárica cita el geógrafo griego Ptolomeo ya en el siglo II d.C. en esta zona meridional de la antigua Cantabria. Inscripciones de época romana de las cercanas localidades palentinas de Dehesa de Montejo y Ruesga, en las que se cita a los camáricos o a su ciudad de Camárica, confirman que este fue el territorio de dicho grupo de los cántabros. Se trata de un verdadero oppidum que fue objetivo del ejército romano durante alguna de las campañas militares sucedidas entre los años 29 y 16 a.C., hecho que hace de este enclave un lugar de una importancia excepcional tanto desde el punto de vista arqueológico como desde el punto de vista histórico. Los campamentos romanos Al sudeste del oppidum indígena, sobre una eminencia alargada inmediata bordeada por el arroyo de San Román por el noroeste y algo más al sur por la localidad de Pino de Viduerna se encuentra el campamento romano principal. Tiene 5’9 hectáreas y es visible gran parte de su perímetro defensivo, formado por un agger o aterrazamiento de tierra y piedra en el que se ha documentado una puerta con clavicula interna, recurso militar romano habitual desde época cesariana hasta mediados del siglo II d.C. La planta del campamento es de forma ovalada alargada para adaptarse a las características topográficas del lugar. El dispositivo de asedio romano se apoyaba en este castra Principales y se completaba con otros castra minora o castella unidos entre sí por las líneas de circunvalación y de contravalación. Las evidencias de los combates El dispositivo de asedio romano aisló por completo al castro cántabro del mundo exterior encerrando a los sitiados e impidiendo la llegada de socorros desde el exterior. No sabemos cuánto tiempo duró. Lo que si se ha podido descubrir a través del registro arqueológico es que los cántabros no fueron reducidos por hambre como los numantinos, sino que el ejército romano hubo de expugnar la plaza mediante un asalto que se produjo en el punto más débil de las fortificaciones cántabras: la esquina en ángulo de las murallas situada frente al campamento romano principal. En la ladera de subida a este punto ha aparecido una cierta cantidad de tachuelas de las caligae que documenta el paso de una tropa numerosa, pero más expresivas son las numerosísimas puntas de flecha encontradas en la cara exterior del derrumbe de la muralla. La dispersión de las puntas de flecha de hierro se concentra en el ángulo de la muralla que comentamos. La mayoría son de tres aletas con espiga, aunque las hay de otras tipologías. En total han aparecido en todos los yacimientos del asedio más de cuatrocientas puntas de flecha, lo que hace de esta colección de La Loma la más completa de todo el Imperio Romano. Esta lluvia de proyectiles lanzados por los arqueros (sagittarii) y por las catapultas para desalojar a los defensores de las murallas debió producirse en el momento del asalto al tiempo que las cohortes avanzaban probablemente por delante adoptando la formación de “tortuga” (testudo) y superaban las defensas enemigas con escalas y otros artilugios. El combate parece haber sido encarnizado: la cara exterior de la muralla fue destruida y hay un potente nivel de incendio tanto en el talud de la muralla como en el foso. Desde las murallas los cántabros arrojaron contra los asaltantes cantos rodados de diverso tamaño con hondas o con la mano, pues han aparecido piezas de este tipo tanto en el foso como fuera de las murallas. Para más información: ‘La conquista romana de la Montaña Palentina: el asedio de La Loma (Santibáñez de la Peña), escrito por Eduardo Peralta Labrador y publicado en el número 2 de la Colección de Historia Montaña Palentina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En los yacimientos del asedio han aparecido más de cuatrocientas puntas de flecha, que forman la colección más completa de todo el Imperio Romano.</strong></p>
<p>El norte de la actual provincia de Palencia fue el escenario en el que se desarrollaron algunos de los principales episodios de las guerras cántabras. Este área estuvo ocupado en la Antigüedad por una parte de los cántabros, con los que limitaban por el sur los vacceos y los turmogos asentados en las llanuras cerealísticas. Durante los comienzos de su mandato  el emperador Octavio Augusto Roma declaró la guerra a los cántabros y los astures y entre los años 29 y 16 a.C. dirigió una serie de duras campañas para someterlos.</p>
<p>Nada se conocía arqueológicamente sobre estas guerras hasta hace poco. Sin embargo, en los últimos años se han ido descubriendo en el norte de Palencia, en Cantabria y en el norte de Burgos una serie de yacimientos de excepcional importancia. En ellos se han podido documentar algunos de los principales teatros de operaciones de las guerras cántabras. Por lo que se refiere a la provincia palentina, en el área del Alto Pisuerga se ha constatado la existencia de diversos campamentos romanos de época augústea. Varios de ellos están relacionados con el control de dicho territorio y con el ataque al importante <em>oppidum</em> cántabro de Monte Bernorio (Villarén, Pomar de Valdivia). El principal de estos campamentos es el de Castillejo o La Lastra (Pomar de Valdivia), descubierto por Miguel Angel Fraile, y en el que se han desarrollado dos campañas arqueológicas que permitieron estudiar sus estructuras y que proporcionaron materiales militares romanos de inicios del principado de Augusto.</p>
<p>Sin embargo, el descubrimiento más espectacular, debido igualmente a la labor de exploración de Miguel Angel Fraile, ha tenido lugar más recientemente en Santibáñez de la Peña. Al sur de esta localidad se alzan los altos de La Loma. En ellos son visibles todavía los restos de las fortificaciones de asedio del  ejército romano a un castro cántabro. Entre los años 2003 y 2007 se desarrollaron varias campañas arqueológicas en este conjunto de La Loma que han arrojado importante información sobre el castro cántabro y el asedio de las legiones romanas.</p>
<p><strong>El castro cántabro</strong></p>
<p><strong></strong>El centro del conjunto de yacimientos arqueológicos es el castro cántabro, alrededor del cual existe todo un dispositivo de asedio romano constituido por un campamento principal y varios fortines (<em>castella</em>) unidos por una circunvalación y una contravalación (fortificaciones que unían campamento a campamento y cercaban el castro indígena). El asentamiento cántabro, conocido en la zona como “El Castro”, está emplazado en una loma situada a 1.124 metros de altitud y parcialmente acantilada por el suroeste y por el sureste, controlando el estrechamiento de La Hoz, donde se unen los ríos Valdavia y Las Heras y el arroyo de San Román. Es un castro de buenas dimensiones que ocupa una superficie de 10’18 hectáreas.</p>
<p>Este castro es el más importante aparecido hasta el momento en la comarca del Alto Carrión y estuvo ocupado durante la IIª Edad del Hierro por una comunidad indígena de cierta importancia. Probablemente perteneció al <em>populus</em> cántabro de los camáricos, cuya ciudad de Camárica cita el geógrafo griego Ptolomeo ya en el siglo II d.C. en esta zona meridional de la antigua Cantabria. Inscripciones de época romana de las cercanas localidades palentinas de Dehesa de Montejo y Ruesga, en las que se cita a los camáricos o a su ciudad de Camárica, confirman que este fue el territorio de dicho grupo de los cántabros. Se trata de un verdadero <em>oppidum</em> que fue objetivo del ejército romano durante alguna de las campañas militares sucedidas entre los años 29 y 16 a.C., hecho que hace de este enclave un lugar de una importancia excepcional tanto desde el punto de vista arqueológico como desde el punto de vista histórico.</p>
<p><strong>Los campamentos romanos</strong></p>
<p>Al sudeste del <em>oppidum</em> indígena, sobre una eminencia alargada inmediata bordeada por el arroyo de San Román por el noroeste y algo más al sur por la localidad de Pino de Viduerna se encuentra el campamento romano principal. Tiene 5’9 hectáreas y es visible gran parte de su perímetro defensivo, formado por un <em>agger</em> o aterrazamiento de tierra y piedra en el que se ha documentado una puerta con <em>clavicula </em>interna, recurso militar romano habitual desde época cesariana hasta mediados del siglo II d.C. La planta del campamento es de forma ovalada alargada para adaptarse a las características topográficas del lugar. El dispositivo de asedio romano se apoyaba en este <em>castra Principales</em> y se completaba con otros <em>castra minora</em> o <em>castella</em> unidos entre sí por las líneas de circunvalación y de contravalación.</p>
<p><strong>Las evidencias de los combates</strong></p>
<p>El dispositivo de asedio romano aisló por completo al castro cántabro del mundo exterior encerrando a los sitiados e impidiendo la llegada de socorros desde el exterior. No sabemos cuánto tiempo duró. Lo que si se ha podido descubrir a través del registro arqueológico es que los cántabros no fueron reducidos por hambre como los numantinos, sino que el ejército romano hubo de expugnar la plaza mediante un asalto que se produjo en el punto más débil de las fortificaciones cántabras: la esquina en ángulo de las murallas situada frente al campamento romano principal.</p>
<p>En la ladera de subida a este punto ha aparecido una cierta cantidad de tachuelas de las <em>caligae</em> que documenta el paso de una tropa numerosa, pero más expresivas son las numerosísimas puntas de flecha encontradas en la cara exterior del derrumbe de la muralla. La dispersión de las puntas de flecha de hierro se concentra en el ángulo de la muralla que comentamos. La mayoría son de tres aletas con espiga, aunque las hay de otras tipologías. En total han aparecido en todos los yacimientos del asedio más de cuatrocientas puntas de flecha, lo que hace de esta colección de La Loma la más completa de todo el Imperio Romano.</p>
<p>Esta lluvia de proyectiles lanzados por los arqueros (<em>sagittarii</em>) y por las catapultas para desalojar a los defensores de las murallas debió producirse en el momento del asalto al tiempo que las cohortes avanzaban probablemente por delante adoptando la formación de “tortuga” (<em>testudo</em>) y superaban las defensas enemigas con escalas y otros artilugios. El combate parece haber sido encarnizado: la cara exterior de la muralla fue destruida y hay un potente nivel de incendio tanto en el talud de la muralla como en el foso. Desde las murallas los cántabros arrojaron contra los asaltantes cantos rodados de diverso tamaño con hondas o con la mano, pues han aparecido piezas de este tipo tanto en el foso como fuera de las murallas.</p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;">Para más información: </span></em><em><span style="text-decoration: underline;">‘La conquista romana de la Montaña Palentina: el asedio de La Loma (Santibáñez de la Peña), escrito por Eduardo Peralta Labrador y publicado en el <a href="http://aruz.es/portfolio/coleccion-historia-de-la-montana-palentina-numero-2/" target="_blank">número 2 de la Colección de Historia Montaña Palentina</a>.</span></em><em></em></p>
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